Fotografiar el paisaje urbano supone plasmar la relación existente entre el hombre y la naturaleza. Al fin y al cabo es el hombre el que altera el paisaje construyendo ciudades, infraestructuras, vías de comunicación o sistemas de abastecimiento.

El proyecto surgió hace unos años en el momento en que se difundieron los planes para construir una ciudad de ocio y juego en el desierto de Los Monegros, conocido como las Vegas de Europa. Este espacio protegido por la Red Natura 2000, de no haber sido paralizada la iniciativa, se hubiera visto sometido a un gran impacto medioambiental ya que preveía la construcción de embalses, casinos y todo tipo de infraestructuras en medio del desierto. Parece no obstante que la experiencia es insuficiente reproduciéndose el fenómeno con los nuevos planes Eurovegas en Madrid o Barcelona, Marina de Cope en Murcia... La amenaza urbanística sigue adelante y el ladrillo como única alternativa a la crisis parece insustituible. La megalomanía donde la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio (Cicerón). Estas amenazas urbanísticas dan lugar a una especie de espejismos que sobrepasan la imaginación. La extraña coincidencia entre situaciones reales y paisajes creados por el intervencionismo hacen que exista un raro parecido entre distintos lugares de la tierra, separados por miles de kilómetros, como podría ser el caso de la Patagonia inmersa también en planes de desarrollismo.

Existen claro está diversas formas de interpretar esta interacción, mostrando la belleza geométrica de estas construcciones, la grandeza de algunas edificaciones, el horizonte redibujado o como el hombre vive en espacios artificiales. Pero también nos podemos centrar en denunciar el abuso que el hombre hace de su entorno natural dañando en algunos casos de forma irremisible. La contaminación producida por la industria, la alteración de los ecosistemas provocada por enormes presas o talas de bosques para construir más y más. En este sentido son interesantes las diferentes reacciones que un mismo motivo puede provocar. El mismo bloque de viviendas puede ser deprimente para algunos y para otros un magnífico monumento. El hombre altera el paisaje, lenta pero irremisiblemente, recupera un espacio borrado por la huella humana.

Estas cuestiones nos hacen reflexionar sobre cómo quedarán estos espacios vírgenes y como podrían quedar interviniendo de una manera ordenada. El urbanismo rodeado de todo tipo de intereses desborda las fronteras de la naturaleza creando espectros, imágenes más allá de la realidad, paisajes efímeros donde solo la imaginación y los sueños pueden reordenar el espacio. Una necesidad ambiental en el perfil de una nueva forma de desarrollo y de una nueva sociedad; una sociedad basada en la circulación del conocimiento global y el aprovechamiento de los recursos locales; una sociedad formada por una trama de comunidades arraigadas en los lugares de una nueva metrópolis, a la vez local y planetaria.

Texto de Fernando Flores